Estampa de Colmenar Viejo

El caserío de Colmenar Viejo, determinado por su esbelta torre campanario y las cumbres nevadas de la sierra de Guadarrama al fondo, constituye una clásica estampa del paisaje castellano, principalmente durante las estaciones invernales y primaverales. La situación de este Colmenar tuvo sentido junto al camino que unía las ciudades de Alcalá de Henares y Segovia, posiblemente utilizando parte de un trazado viario romano de segundo orden. La puebla de estos repobladores segovianos, que a mediados del siglo XIII tuvieron serios enfrentamientos con los madrileños por la ocupación de este espacio, deseado principalmente para usos ganaderos, comenzaba, poco a poco, a expandirse, y sus moradores fueron aclarando parte de un monte bajo poblado básicamente de encinas.
Estampa de Colmenar Viejo
Los colmenareños, así, comenzaban a modificar sustancialmente un paisaje cuyas trasformaciones destacadas se habían producido ya en torno a las vegas formadas por el arroyo de Tejada otras zonas del término municipal, durante la época hispano-visigoda, hacia los siglos VI y VII. Con la repoblación cristiana el paisaje se modifica extraordinariamente. A los intereses basados en el sector primario, concretamente en las grandes cabañas de ganado lanar del tipo "churro", o las roturaciones en espacios abiertos para los cereales, principalmente trigo y centeno, o vides en la zona de la Moraleja, se suma la tala del arbolado para la floreciente industria textil, fundamentalmente para las necesidades de los tintes, y también para las demandas de la Corte. Así mismo se abren las entrañas del subsuelo, para la extracción de ciertos minerales y sus rocas, atendiendo al creciente mercado de Madrid para la construcción, los firmes de carreteras y las continuas urbanizaciones.
Como consecuencia de todo esto, la visión que ofrece este Colmenar Viejo, desde su parte sur, es la descomposición histórica de un paisaje mesomediterráneo, a base de encinas y enebros, donde el pastizal es predominante, permitiendo las vacadas cerriles y bravas, principalmente desde mediados del siglo XVIII, apareciendo el vacuno especializado en la producción lechera a finales del siglo siguiente, en los terrenos que fueran de un ejido con marcado carácter ganadero.

                            Resumen: Fernando Colmenarejo (Estampas Vidal'97)

No hay comentarios:

Tu opinión nos interesa, escribe un comentario

Gracias por tu aportación.