Segunda Cédula Real

La confirmación de la Primera Cédula Real por parte de Alfonso VIII no tuvo continuidad y el concejo segoviano con la creciente prosperidad de su ganadería se vio orientada a consolidar los amplios términos que utilizaba en la Transierra y tomó dos medidas para ello:
- El control y mejora de los pasos de la Sierra dada la cada vez más frecuente utilización hacia el reino de Toledo. Para ello se establecieron una serie de alberguerías en los puertos de Fuenfria y Malagosto y luego en la Tablada y Morcuera.
- La delimitación de los extensos términos de que disponía a fin de evitar litigios con concejos vecinos, en especial con el madrileño. Esto lo consiguieron con el amojonamiento de los términos entre Madrid y Segovia, ordenado por el rey Alfonso VIII a su alcalde Minaya.
Este amojonamiento o delimitación lo firmó el Rey en Burgos el día 5 de Agosto de 1208, y dejaba claramente a Segovia los términos de Casarrubios y Manzanares, donde los segovianos comenzaron a construir pueblas.
Esta Segunda Cédula, como veis anula la donación hecha por Alfonso VII al concejo madrileño, pero que éste mostraría en todos los pleitos que posteriormente se produjeron, igual que la confirmación que su nieto ratificara y que ahora cambiaba.
Este mismo monarca, Alfonso VIII otorga el 13 de diciembre del mismo año de 1208, en Segovia, otro cédula de concesión de la donación confirmando la anterior y además la amplia.
Esto provocó el descontento continuado del concejo de Madrid por los derechos que el Emperador (Alfonso VI) le concedió  y que veían perdidos, acudiendo al Monarca y a sus sucesores, es Fernando III "El Santo", previa indagación de sus alcaldes, que también confirmaría al concejo segoviano los términos que se le otorgaron en el amojonamiento de Minaya, pero dejándoselo  en solo "tenencia" hasta que él mismo fallase definitivamente.
Esta última decisión provocó la destrucción continua de las aldeas que los segovianos habían creado en Manzanares, Colmenar Viejo y alrededores, ya que dicho concejo hacía "oídos sordos" a la decisión de Fernando III de no repoblar la zona. Los madrileños derribaban dichas aldeas, de manera que hasta mucho más adelante no se empezó a consolidar un verdadero alfoz en el lugar, sería Alfonso X "El Sabio" quien resolvería la situación.

Cuadernos de Estudios nº 1 y 15

Resumen: Pedro López Chivato

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