BANDOLEROS EN LA PEDRIZA

Hay una historia o leyenda, cada uno que lo interprete como lo entendiere, lo cierto es que a finales del siglo XIX existían bandoleros en la zona de la Pedriza y una de sus historias puede que repercutiese en el devenir de alguna familia de Colmenar Viejo.
Según una versión, la banda de salteadores “Los Peseteros”, a finales del siglo XIX y en un tiempo cronológico sin identificar, secuestró a la hija de una adinerada familia en Madrid, de la que, según algunas versiones, estaba locamente enamorado su líder, el Barrasa, y la llevó a La Pedriza, zona que frecuentaba la banda. Un día, el jefe de los bandoleros se tuvo que ausentar un tiempo para ir a Madrid “por motivos de trabajo” y dejó a la muchacha al cuidado de dos de sus lugartenientes. En su ausencia, los bandidos, acordaron abusar de ella y se la sortearon, pero la chica, al ver llegar al forajido, gritó pidiendo auxilio y el otro bandido acudió en su auxilio y le dio muerte por estrangulamiento. A su regreso, el Barrasa se enteró de lo ocurrido y, de acuerdo unánime con el resto de la banda, sentenció a muerte al homicida. Le ordenó primero cargar con el cadáver de su víctima hasta el Cancho de los Muertos, o Riscos del Campo Santo, como también se conocía el emplazamiento en aquellos tiempos y, llegados al precipicio donde solían realizar estos ajusticiamientos, le ordenó arrojar el cuerpo y luego intentó ejecutar la sentencia empujándole al vacío, pero este se agarró en el último momento de su pierna y le arrastró con él, acabando los tres despeñados y muertos en el fondo del barranco, a los pies del berrocal. Estas calamidades produjeron la desbandada general del resto de bandidos, quedando libre la secuestrada, causante involuntaria de estos siniestros acontecimientos. Sola, se ve obligada a vagar por la montaña en busca de ayuda, y tiene la fortuna de toparse con el "Mierlo", un cabrero que la ayuda a salir del laberinto pedricero y la acompaña hasta la capital para reunirla con su familia. Los padres, agradecidos, le ofrecen toda suerte de gratificaciones por su buen hacer y por acompañar a su hija a la ciudad descuidando a sus queridas cabras, e incluso le ofrecen un oficio y quedarse a vivir con ellos. Dice la leyenda que el Mierlo no podía vivir sin sus cabras y sin su Pedriza, así que decidió volver a la sierra, dejando agradecidos para siempre a la joven y sus parientes.
Tiempo después el pastor fue abatido en el collado de Valdehalcones, en la Cuerda de los Porrones, hay quien dice que por algún miembro de la desperdigada banda, en la creencia de que era poseedor de una rica recompensa por el salvamento de la chica.
La segunda variante de esta historia fue recogida por Bernaldo de Quirós en su obra “La Pedriza del Real del Manzanares” (1921). Insatisfecho por el relato anterior dado por el pastor Ambrosio, siguió indagando y consiguió el testimonio de Manuel Bernabé, juez de Cebreros (Ávila) y natural de Colmenar Viejo.
Según esta segunda versión, la secuestrada también se vio envuelta en la refriega mortal y falleció junto con los bandidos, no se sabe si empujada accidentalmente, mientras intentaba separar a los contendientes o castigada por tomar parte por uno de ellos. Según el narrador, los restos de los cadáveres en el fondo del barranco, y en particular el de la joven con su vestido, provocaron durante mucho tiempo el pavor de la gente que por allí pasaba. Alguien, menos atemorizado que el resto, decidió bajar y rebuscar en los cadáveres, y en el forro del citado vestido encontró unas monedas de oro que, según se dice, dieron origen a la fortuna de una de las familias de COLMENAR VIEJO.
Los sucesos debieron de acontecer a finales del siglo XIX y el paso del tiempo, si bien ha oscurecido los hechos, también los ha envuelto en un halo de misterio y leyenda.


Resumen por Pedro López Chivato


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